lunes, 12 de noviembre de 2012

Noche, día, noche, noche, día.

Aumentan las nauseas y yo solo quiero quedarme aquí dentro con las persianas bajadas. Que el sol ya no quiere verme, y yo odio a ese hijo de puta que sale todas las mañanas recordándome que empieza otro día. <<Por mí como si mañana no sale>>
Yo busco motivos, me trituro las ideas intentado sacar algo bueno de ellas. Pero me canso demasiado rápido, porque mi inadaptación inunda mi mente haciéndome sentir fuera de lugar incluso dentro de estas cuatro paredes.
A los cinco minutos de haber abierto los ojos me arrepiento de haber despertado. Si aguanté tanto fue porque me distraje viendo esa foto en la mesilla. Esa mueca extraña en mi cara debía ser una sonrisa, sí. Sonría y posiblemente era feliz. Me acuerdo de ese día. Playa, papá y toda una tarde para sentirnos inmortales. Hicimos un castillo de arena que entonces me parecía altísimo, me bañé hasta que el agua salada hizo que mis ojos se tornasen rojo neón... Me gustaría poder decir ahora que el infierno en mis pupilas es por haber estado demasiado tiempo dentro del Mar. <<Ojalá>>
Me tumbo otra vez en la cama y si sigo un segundo más aquí ya no seré capaz e levantarme en las próximas 21 horas. Pero me da igual. Ese es mi problema, no me importaría morir de inanición.
Me pongo un límite, tengo que buscar la razón que hará que salga por esa puerta y respire un día más o un día menos. 

[...]

No llegue a salir de aquí <<De mí, quiero decir>> y tampoco de la habitación. Mi apatía no me llena, pero tampoco vacía, aquí dentro ya no queda nada que nadie pueda quitarme, ni siquiera ella.



jueves, 8 de noviembre de 2012

Nebulosa.

Si veo que no puedo seguir pensando me pongo a bailar. La música suena alto en mis tímpanos <<pum, pum, pum>> con un beat demasiado grave martilleando en mi cabeza.
Cierro los ojos en un intento por encontrarme y empiezo moviendo la cabeza de lado a lado. Izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Todo flota y me siento ligera como pluma de fénix. <<Renaciendo de las cenizas de este riff>> Me acompañan los hombros y un escalofrío placentero recorre mi columna hasta mi médula espinal, y para colmar los nervios se queda ahí, siguiendo el compás con impulsos eléctricos.
No me tiemblan las piernas, estoy bailando amor. ¿Es que no lo ves? Si alzo los brazos es porque me lo ordena la música y yo solo soy musa de un par de notas.
Empiezo marcando el tempo con los pies en el suelo y [...] de repente me siento volar y lo marco a golpe de saltos hacía la estratosfera. Subo, y subo, y subo hasta rozar otra galaxia de ese universo que me ve danzar desde lo alto.
Sigo girando sobre mí mientras insunuo leves movimientos con el cuerpo el aire, estoy llamándote en forma de baile pero nunca fui demasiado coordinada, siempre te pisaba los pies.
Si paso los dedos entre mi pelo agitándolo y removiéndolo es porque quiero dejar escapar todas esas ideas suicidas que solo necesitaban algo de vibración para sentirse vivas. Los altavoces retumban en mí y una enfermedad que me impide dejar de oscilar al ritmo del blues se hace crónica, y yo aquí sin el antídoto para parar a mis pies.
Sigo así durante horas, segundos y minutos. <<Bailé mil y una canciones para poder escapar>> 
Cuando mi cuerpo está tan cansado que decide parar de agitarse entre pentagrama y tablatura utilizo el último de mis alientos para poner en bucle nuestra canción. Me quedo a vivir entre sus solos de batería, yo ya no quiero volver a ese mundo en donde bailo porque no me queda otra opción.



Bailar con Nebulosas haciendo constelaciones. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Asfalto en las pupilas, en el Alma.

Me meto hasta las rodillas en el asfalto,
me pongo hasta arriba de hachís. 
Echo de más, siempre de más,
pero sigo sin echarme de menos.

Mi reflejo en un vagón de Metro.
y mi cordura danzando por los andenes.
uno, dos, dos, uno, uno,
todos me llevan al mismo sitio. 

<<EL PRÓXIMO TREN ESTÁ 
EFECTUANDO SU ENTRADA
EN EL ANDÉN>>

Pero siempre me quedo en la estación,
siempre lo veo pasar y...
Y si no subo es porque el estado de espera
es lo que me da vida. 

Salgo de esa boca de metro que me besa,
y veo a Madrid algo más triste que ayer.

<<Algo más triste que ayer, pero 
menos que mañana, pero menos que yo>>

<<Y me pierdo en la ciudad>>

Muero cada vez que un semáforo cambia a verde.
Muero en cada fachada.
Muero debajo del reloj en Sol,
marcando las 21:00.

Si Madrid sigue triste y en rojo Neón
que alguien me diga por qué
debería estar yo mejor que ella.
Nunca ha estado en ruinas, y 
sin embargo la veo muy rota.
¿Será por todas esas almas
que hemos muerto en ti, Madrid?

Si mis 21 gramos dejaron de serlo
<<Y dejaron de serlo en estas calles>>
dime por qué no debería odiarte.

Con tu cielo de siete estrellas olvidándome.

Gente muerta <<sin alma>> buscando
a Redención por tus aceras. 
Y tú no haces nada, y nos pierdes.
Cuantas veces no he deseado desaparecer.
Perderme de ti para siempre.

Tu humo me contamina 
Y yo te contamino a ti, tal vez,
con un par de pensamientos suicidas
que mueren antes de ver en ti una salida. 

Hoy Madrid te odio un poco más, pero mañana tal vez me de cuenta de que eres la única que me cuida, y que tus calles, a la vez que matan, son poesía. 



lunes, 5 de noviembre de 2012

Asfixia.

Si me recubre la desesperación con su pulso acelerado y con sus ojos encharcados ya no sé qué hacer. 
Me revuelvo dentro de mí, buscando alivio, algo que me consuele, pero si me pongo a llorar las lágrimas se llevan consigo todo atisbo de esperanza que mis 21 gramos puedan tener. Y lo mojan todo. Y me empapan el ser,  y yo voy por ahí desojando ilusiones "Esta sí, esta no [...]  no   me quiere, no me quiere..." Siempre acabando en número par, siempre en el <<no>>.
Empiezo a temblar y soy terremoto y tsunami y desastre natural en sí. A mí el cielo me dejó, y de vez en cuando llueve sobre mí para recordarme lo que hice mal, para que sienta a Frío cerca, para que las gotas de lluvias sean lo único que roce mi piel y... <<me estremezco en desesperación>>.
Mi sistema nervioso se sume en la disforia y su vacío no es fácil de llenar <<mis nervios están tristes y por eso ya no siento, supongo>> Mi sistema circulatorio me dice que ya no bombea sangre, que a dejado morir a mi corazón de inanición <<de falta de amor o de glóbulos rojos, tú me dirás>> y si ya no lato es porque mi vena pulmonar se fue a por tabaco.
A mi mente le falta oxígeno entre tantos pensamientos suicidas que entran, me perturban y salen dejándome solo un portazo de consolación. Busco refugio en mi lóbulo frontal y solo escucho ecos de voces que me hablan en segunda persona. <<sal de aquí, vamos corre>> <<No es el fondo si puedes seguir cayendo, es abismo>> Y me impulsan a correr hacía él y lanzarme al vacío para sentir a Libertad en forma de caída libre.
Me quedo en la habitación de mi cerebro a oscuras con las persianas bajadas, con humo por todas partes y con las ideas flotando <<danzando>> con la bruma de Lucky Strike. Me quedo ahí por miedo a salir, en un rincón, con el cenicero lleno y yo en vacío. Me quedo ahí a la espera de algo que me salve. Una llamada de auxilio se me escapa de dentro pero ahí no hay nadie para responderme, así que muere, como todo lo que hay ahí. <<Como todo lo que hay en mí>> Me quedo ahí porque fuera no hay nada para mí. Me quedo ahí porque si voy a consumirme prefiero hacerlo rápido y sin   con dolor. Mucho dolor contenido en estas cuatro paredes.
Ya no puedo seguir mi resistencia y dejo que todos esos pensamientos oscuros y mis ganas de nada terminen de hacerse conmigo y es entonces cuando dejo de ser para empezar a sufrir.

Yo lo llamo Asfixia y si viene a hacerme compañía ya no sé qué hacer.


Sigo estando muy lejos de ti, Cielo. 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Nada trascendental.


Yo no quiero escribir de amor. No quiero escribir sobre mi, ni sobre vosotros, ni sobre curar heridas o cómo provocarlas, o cómo me las provocaron. Sólo escribir. Sobre cualquier cosa, algo que no importe, que no sea trascendente y que todo el mundo olvide en cuento ponga el punto y final.
 Escribir por ejemplo sobre esa sensación de cuando se te eriza la piel, lo raro que se siente.
 Escribir por ejemplo sobre esos chicos tristes que van por la calle, todos mirando al suelo, todos sintiéndote culpables, como si hubiesen hecho algo malo.
 ¿Habéis visto alguna vez como mira un padre a su hijo?  ¿Habéis sentido ese amor, aunque sea en los niños con jerseys a rallas que visteis en el parque jugando en el tobogán con papá? Uno de ellos se cayó por culpa de su hermano, este supo que se había hecho daño y fue a ayudarle, y le pidió perdón. ¿En qué momento dejamos de querernos? ¿Es que esos niños algún día dejarán de hacerlo? ¿Es que volverán a caer y ya no estará el otro para levantarse juntos?
No quiero escribir sobre cómo se vive sin ti, o sobre esa tarde de invierno en el parque. Prefiero hacerlo sobre lo que sientes cuando escuchas un piano, me recuerda a Septiembre, cuándo eramos uno contra todo el mundo, pero no importaba porque la suerte estaba de nuestro lado. Pero Suerte se marchó y me dejó con los ojos encharcados  y con un alma incapaz de sentir algo que no sea apatía.
 Pero yo no quiero escribir sobre eso, no. Quisiera describir, tal vez, lo que siento cuando el cielo me grita antes de romper a llorar <<sus gotas de lluvia son las lágrimas que mis ojos le regalan por las tardes>> su color grisáceo lo definiría como 'Tormenta' algo que atormenta.
Llenaría los siguientes reglones hablando sobre hachís debajo de las uñas, o sobre lo que sentí cuando encontré esa carta que le escribí a papá no hace muchos años, pero aún así queda tan lejos ya... Creo que nunca la leyó.
Gastaría tinta escribiendo sobre como Madrid me ha condenado debajo de cada farola, con cada viaje en tren y con cada calada en las bocas de metro. Pero nunca hablaría de esas pupilas que reflejaban la ciudad a oscuras, las mejores vistas de Madrid. No, he dicho que no quiero escribir sobre eso.

Quisiera poder dedicar a mi mente a pensar exclusivamente en las hojas caídas por el otoño <<como yo>> buscando redención, danzando con el viento. Joder, que bonito lo hacen. Con sus colores ocres combinan con mi tristeza.
Pero incluso antes de poner punto y final a estas cuatro líneas me he dado cuenta de que siempre he estado escribiendo con todas esas cosas de las que he intentado huir. Nunca me abandonan, no tengo tanta complicidad ni con mi sombra.





<<Escribir, por ejemplo, sobre cómo la nieve de Helsinki se reflejaba en mis pupilas esa tarde.>>

domingo, 23 de septiembre de 2012

Vivo sin ti, no me pidas que sea feliz.

Vivo con la duda de si algún día tus ojitos rojos volverán a mirarme desde el otro extremo de mi cama. Porque te fuiste demasiado rápido, joder. Te fuiste y dejé de ser, o por lo menos ya no lo intento. Tristeza no es ver como van pasando las cosas, tristeza es ver que tú no estás aquí para sentirnos intemporales. Porque el tiempo nunca quiso interponerse entre los dos, o entre tu y yo, porque a diferencia mía tú nunca dejaste de ser tú para ser un 'nosotros'. Vaya palabra, como si alguien quisiese renunciar a su persona por mi.
Mal o bien nos queríamos, joder si nos queríamos. Me hiciste creer que mis alas eran de verdad y me animaste a subir, lástima que no me enseñases a seguir en el cielo sin ti. Me gusta pensar en la idea de que yo también hice que volaras.
Te di lo que tenía, que era un corazón prostituido y un par de promesas de papel, no sé si eso cuenta también a mi favor. Supongo que siempre supiste que esto no iba a ningún sitio y no te culpo, mi cara no hacía más que delatarme: "Mírame, soy un desastre andante, pero te quiero ¿eh?"
En el fondo de esta mente egoísta pienso que es mejor así. Soy un lastre para mi y contigo se hacía más llevadero, pero es mejor así. En el fondo creo que te sigues acordando de mi. Cada vez que alguien recorra tu espalda sentirás mis dedos fríos, porque lo sé, mis putadas no son fáciles de olvidar. Espero que nunca nadie te acaricie la piel haciendo círculos, porque entonces si que me sentirás. Sé que nunca podrás borrar mis caricias de tu piel, ya me encargué yo de grabarlas a fuego. Ni aunque te empeñes en tatuar otras encima lo conseguirás.
Creo que te llevas un buen recuerdo mío, o al menos uno que duele a la vez que lo amas. ¿En eso se basaba lo nuestro, no? Al final resulta que tú me sigues doliendo, pero no veo ni rastro de tu amor.
Seguro que me merecía todo esto, por creer demasiado, y no es que tú fallaras es que esto nunca iba a funcionar. Forzamos hasta más no poder la idea de que dos personas como tú y yo (no nosotros) podían amarse tan fuerte. No pensamos en que detrás de todas esas horas de catarsis era donde ocultábamos el dolor a nuestros corazones.
Supongo que yo te seguía amando igual de fuerte pero nuestra cuerda se rompió de tanto tensarla. No hay rencores, era lo que se suponía que debía pasar.
Lo malo es que yo me empecé a creer eso de la inmortalidad de mis sentimientos y ahora pasa factura.




 

Pregúntale a este cómo se vive sin ti.

sábado, 15 de septiembre de 2012

OVERTHINKING.

Que no. Que no sé que es bueno para mi. Que te espero, y eso no es bueno. Que no me importa. Que si ya no vivo es por tu culpa. Que no quiero otra cosa. Que me gusta vivir así, si es que a esto se le puede llamar vida. Que paso de toda esa mierda. Que me conformo con poco, lo sabes. Que siempre fuiste mi única opción, que yo no quería más. Que yo no te amo, que no. Que mi odio es tan puro que se confunde con algo bueno. Que no te necesito. Que ya te he dicho que he aprendido a malvivir. Que no me contradigo, no. Que yo soy la contradicción.



Que yo no me rompo por ti, que no. Que estas cicatrices son todas de tanto amor, ¿eh?

sábado, 8 de septiembre de 2012

"Se me pasa el rato, pensando en como prescindir de lo mucho que te necesito."

Un puente, él y media botella de vodka rojo. La otra media se confunde con la sangre dentro de sus venas. Le cuelgan los pies y él cuelga sus ideas del puente.
Se pregunta si podría dejar la mente en blanco sólo por un minuto. 1, 2, 3 y 4 segundos, solo nota como todo su cuerpo le pesa, como si le carga que siempre lleva encima se hiciese ahora más pesada. 26, 27 y 28, ahí arriba hace frío, tanto frío que quema. 30. 31 y 32, intenta pensar en eso, pero es fuerte o tal vez es tan cobarde que logra huir de su pensamiento 48, 49 y 50, solo diez segundos más, ¿serás capaz de hacerlo? 58, 59 y... su mente le traiciona. Lo ha recordado.
Está jodidamente borracho, y las personas que van jodidamente borrachas se acuerdan de cosas que estando sobrias han intentado olvidar.
A algunos se les viene a la memoria imágenes de cuando eran pequeños, inocentes y felices. Como en una película en Cinemascope. Otros se acuerdan de ella, o de él o de ambos a la vez. De su profesora de 4º de primaria, de su mejor amigo, ese con el que esperaba vivir tantas cosas y ahora solo es un "Podríamos quedar a tomar algo un día de estos" cuando se lo cruzan por la calle, si es que lo llega a ver. De su sabor de batido favorito. Algunos añoran momentos más felices, como ese día que pasaste con papá en la playa, parecía que el tiempo se detuvo solo para que pudieses estar con él. O de las perdidas. Cuantas cosas que creías haber perdido para siempre vuelven cuando estas solo, en un puente, con más alcohol que motivos y sin más obligación que la de respirar. Eso sí, no te preocupes que esos momentos tal y como vienen, se van a la mañana siguiente para dejar sitio a la resaca.
Pero él no piensa en nada de eso, su cabeza sabe bien como atormentarlo. Le clava los clavos que han intentado sacar a el clavo. 
Todo lo que no pensó en los 59 segundos anteriores le viene en forma de tormenta en el restante. Es eterno. El tiempo se ha congelado en el segundo menos indicado. Él está congelado en esa fracción de tiempo que parece irrisoria.
Mira la botella, ya está vacía. ¿Cuánto tiempo lleva ahí? ¿una o dos horas? Tal vez sean más, porque no sabe si eso que ve sentado desde ahí arriba es el ocaso o el amanecer. Para él solo ha pasado un segundo.




jueves, 6 de septiembre de 2012

No, el mundo no funciona así.

-¡Joder! Siempre vas por ahí intentando que las personas cambien. Crees que todos los que pisamos este puto mundo podemos ser mejores personas, pero ¿sabes qué? Algunos somos una puta mierda, si. Somos egoístas y crueles. Y personas como yo hacen que personas como tú dejen de creer. Y no quiero que lo hagas, no quiero que un hijoputa como yo te destroce. ¡Porque eres frágil! ¡Eres jodidamente frágil! Y en este puto mundo tienes que se un cabrón si quieres sobrevivir. Por eso te digo esto joder, yo solo quiero protegerte...

Ahora su voz es apenas un susurro, pero sus ojos me están gritando más que nunca. 

... Sé que quieres hacer de mí algo bueno, pero ya te digo que pierdes tu tiempo. Inviértelo en algo mejor, de mi se terminan cansando todos. Y no me hace ni puta gracia el saber que yo seré ese hijoputa que te destroce  Porque lo sé. No te piensas ir de aquí, ¿no? Joder, déjame solo si te quieres. Todavía estas a tiempo, porque... Porque si te quedas cinco segundos más ya no pienso alejarme de ti.
Te he dicho que soy egoísta joder, te lo he dicho...

Solo vuelve a hablar después de media cajetilla de Lucky. 

Espero que no te canses de mi, porque ahora solo cuelgo de tus hilos. Tú verás si algún día decides cortarlos, yo ya me preparo para lo peor.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Las luces de la ciudad se apagan, y nosotros nos extinguimos con ellas.

La ciudad a estas horas es enorme. Todas las calles muertas, aquí ya nada late.
Seres inertes que deambulan por ahí deseando encontrarse unos con otros, para no sentirse tan solos, para repartir el dolor entre dos vasos y que pase mejor por la garganta.
Pero aquí nadie termina por encontrarse nunca. Todos vamos caminando mirando al suelo, con fuego en las pupilas y viendo nada más que asfalto.
Si esa chica que acaba de pasar en frente del portal 6 hubiese esperado sólo cinco segundos más,  tal vez se hubiese cruzado con el chico de mirada ausente que bajaba las escaleras en ese preciso instante. Tal vez se hubiesen tropezado o simplemente se hubiesen mirado a los ojos. Tal vez ella hubiese reído y a él le hubiese encantado su risa. Tal vez hubiesen querido verse más veces. Tal vez podrían haberse llenado su vacío mutuamente. Tal vez la ciudad no les parecería tan grande de noche, estando juntos. Tal vez hubiesen sido insomnes felices de serlo juntos. Tal vez.
Pero la chica pasó de largo por el portal 6. Y el chico apareció cinco segundos después, con su mirada vacía y se perdió en un callejón, tal vez buscando algo para suplir la falta de alguien en su vida. La falta de la   chica de la risa bonita. Por lo menos en esta ciudad no le faltan vicios para dejar de existir, al menos durante un par de horas.
Hay una niña sentada en la acera de enfrente. Lleva un vestidito blanco y unas de esas diademas de tela que las madres le ponen en el pelo a las niñas pequeñas. Es adorable, y está esperando esperanzada a que su padre llegue por fín a casa, lo lleva esperando mucho tiempo. Lo que ella no sabe es que su padre no va a volver nunca más. Ya no podrá correr hacía sus brazos cuando lo vea venir al final de la calle, ni podrá subirse a sus hombros mientras suben a casa, y tampoco podrá quedarse dormida mientras él le canta esa canción de cuna, la única que se sabe.
Su padre iba andando, se estaba dando prisa porque sabía que su princesa lo estaba esperando en la acera y hace mucho frío esta noche. Es un hombre pobre, no puede permitirse lujos, pero le había comprado a su hija una pulsera de plata con una inscripción: hoy cumple 6 años. Alguien debió verlo salir de la joyería. Alguien debió seguirlo, esperar a que se encontrase solo. Alguien lo apuñaló por una pulsera de plata. Alguien cambió el regalo de esa niña por un gramo de coca.
Pero todo esto la niña no lo sabía, ella seguía esperando sentada en el asfalto, con 2º de temperatura, pero no le importaba en absoluto. Sabía que su padre en noches frías siempre le calentaba leche y se la llevaba a a la cama, para que la bebiese mientras le cantaba esa nana, la única que se sabía. Pero eso ya no volvería a ocurrir, ya no. No quiero pensar cuanto tiempo tardará esa pequeña en volver a reír, no quiero pensar cuánto tiempo tardará en perdonar a la ciudad que le arrebató a su padre.
Miro hacía arriba y veo a un chico sentado en la cornisa de una azotea. Está solo, pero parecer esperar a alguien. Creo que podría subir y hablar con él. A lo mejor, si lo hiciese, podríamos hablar durante siete horas y media. Podríamos hablar de música o autodenominarnos como nos diese la gana con títulos nobiliarios. Supongo que podría hacerlo. En la azotea de enfrente hay una chica, está haciendo equilibrismos en pijama, es otra víctima de está ciudad insómnica. Tal vez los chicos de la azotea podrían bailar juntos, o no. Tal vez ella le pise los pies, pero él es un caballero, no se quejaría. Tal vez, si sólo fuesen capaces de cruzar de una azotea a otra por los cables de la luz... Tal vez.
Empieza a amanecer, y cuando el Sol llega a esta ciudad, todos los noctámbulos que vagamos por ahí solemos desaparecer.
Pudieron pasar muchas cosas, pero ya os dije que aquí todos queremos ser encontrados, sin embargo, nadie nos busca.
El chico de los ojos tristes morirá de sobredosis si no encuentra a la chica del portal 6. La niña dejó de serlo esta noche, ahora es una más de todos los que vamos sin rumbo fijo de madrugada. Y el chico de la azotea sigue ahí, sin saber ni siquiera de la existencia de la chica en pijama, pero él la espera. O tal vez...


"Atrévete a acompañarme, vamos a andar por los cables."

lunes, 6 de agosto de 2012

Eras sístole y luego diástole.

Me pregunto a dónde fueron todas las promesas rotas de tu amor, cielo. Me contaste la mentira del "siempre a tu lado"  y ahora lo único que me acompaña es un porro mal liado que fumo sin prisas, total, tú no estas aquí para pasártelo.
Te dejé pasar a mi ruina porque pensé que serías mi reina. Soy ese rey destronado que espera pacientemente a que se ponga el Sol para ordenar que anochezca.
Supongo que tú estarás bien, si, sé que estás bien. Siempre un paso por delante. Desfilaste por mi vena pulmonar hasta mi ventrículo izquierdo y no te he podido sacar de ahí.
Eras mi sístole y después mi diástole, por eso cuando te fuiste el de mi izquierda dejó de latir. No lo necesito, no pienso volver a dejar que nadie lo pise de nuevo, lo prometo. Y créeme, yo si cumplo mis promesas. Guardaré de mí todo lo que te pertenece para cuando decidas volver, pero no esperes que conserve el resto. Aquí me tendrás, igual de desecho que siempre, igual de solo e igual de inestable. Pero con el alma más impasible. Pero más indoloro.
Sigo creyendo en ti e ignorando al resto. Mis musas ya me abandonaron hace tiempo, no soportaron tu competencia, así que volveré a creerme todo lo que salga de entre tus dientes. Prefiero tus falacias a la sinceridad de cualquiera que no seas tú. Siempre lo he hecho.

No sé a que cojones esperas para volver. El porro se consume, mi letra en el folio me condena y yo sigo esperando.

Esperando que vuelvas y no tenga que volver a dejarme media existencia escribiendo. 
Esperando a que vuelvas y pueda volver a latir. 
Esperando a que vuelvas y me devuelvas los pedacitos de mi que se fueron contigo.
Esperando a que vuelvas y pueda así dejar de esperarte.



Prometo no dejar de esperar que vuelvas. Y yo si cumplo mis promesas ¿eh?

domingo, 1 de julio de 2012

No hay título para esto.

Por mis idas y venidas que acaban en el mismo lugar. No es el deseo de cambio lo que me mueve ahora, solo pretendo conservar algo de lo que me queda, después de perderlo todo en una batalla que, bueno, ya sabía que estaba perdida incluso antes de que derramara mi primera gota de sangre.
No me engaño, en el fondo nada ha cambiado. Es exactamente la misma mierda de antes disfrazada de novedad, en otro formato.
Antes tenía la ignorancia para refugiarme en ella, ¿Puedo pretender ignorar la situación, cuándo sé de sobra lo que pasa? No. No puedo dejar simplemente que corran las cosas. No me atrevo ni siquiera a caer en la cobardía, es curioso. Tengo miedo de cerrar los ojos y encontrarme con otro panorama que no es el mio. El cambio tan deseado en mi es también el más temido.
Ya he aprendido a esquivar las piedras de mi camino. Si me llevas en otra dirección tropezaría tantas veces como pudiera.




El día en que cambie mi rumbo, tropezaré. Pero cuando llegue a mi lugar no me importará volver a caer y volver a levantarme, hasta que llegue el momento en que las piedras tengan que esquivarme a mi.

miércoles, 27 de junio de 2012

Toco. Primero por ti y luego también.

¿Y si lo que te da más fuerzas para seguir es también tu mayor debilidad? 
Sigo siendo el mismo que decidiste dejar en la puerta de atrás. Y de tanto llamar, me sangran los nudillos. Toco madera, pero no me salva, solo consigo clavarme más astillas.
Todo sería más fácil si decidieras escucharme ¿no? el problema no es que me ignores, el problema es que ni siquiera eres consciente de los gritos de auxilio que salen a presión desde el agujero negro de mi cabeza. ¡No lo sabes! Es eso... Mírame, riendo a carcajadas mientras por dentro resuenan alaridos que te harían retorcer de dolor y desesperación. Se puede, quiero decir... ¿Podría ser más cínico?
Creo que para responderme bastaría que cualquiera mirara la escena: Yo tocando tu puerta de pino, sufriendo  entre golpe y golpe, y tú dentro, desconociendo la procedencia de ese ruido tan molesto y decidiendo subir de volumen la música, ya sabes, para evitar escuchar tu nombre entre mis gritos.

Y aquí fuera hace frío, ¿me abres?

lunes, 25 de junio de 2012

El show continua. Contigo, pero sobre todo sin ti.

No es la pérdida, es saber que algo sigue yendo mal. Sigo buscando mi estabilidad y te juro por lo que me queda que lo hago, pero sigo estando en la cuerda floja, con un pie en el vacío y otro al borde del acantilado. Una sola palabra podría hacer que me precipite, pero salvarme sería igual de fácil. Un "ven conmigo" me alejaría del peligro inminente de caída libre. Pero nada, aquí no hay nadie, ni siquiera para darme el empujón final y poder así desaparecer.
Sigo estando ni aquí, ni allá. No pertenezco a ningún sitio y no se me va a echar de menos en ningún lugar. He olvidado lo que se siente tener ambos pies en tierra firme, caminar sin miedo. Pero después de tanto tiempo viviendo haciendo malabares he de decir que te acostumbras a saber que si trastabilleas un poco la función se acabó para ti.

Ya ni las luces del espectáculo te seguirán al fondo del precipicio.


¡Mírame!, aunque no veas nada.

Mírame. ¿Qué te parece lo vacío que estoy, eh? ¿Me sienta bien? Ahora no soy nada. Un desastre andante, pequeña. Y en mi interior tormenta, con alto riesgo de granizo.
Las expectativas de los demás fueron más grandes que mis ganas por conseguirlo y las tuyas, bueno, ya te lo dije la primera noche, lo que puedo ofrecerte nunca será suficiente, y aún así te quedaste... ¡Y mírame otra vez! ¿Nada? Nada.
Ahora mismo me falta verme reflejado como cuándo me ponía enfrente del espejo de tus pupilas. Compadecer ante ellas y esperar la absolución. Pero al parecer un día de aquellos decidieron condenarme por y para siempre. En mi cárcel mental soy yo el que no admite visitas, a menos que seas tú ¿eh? sigo esperando que vengas para encerrarte junto a mi, como solíamos estar. Juntos pero nunca libres.
Fuiste valiente por los dos y dejaste el cautiverio en el que tu amado enemigo te tenía sumida. Sabes de sobra que nunca he tenido la fuerza necesaria para huir -y mucho menos para hacerlo de mi mismo-, y tú ya estabas cansada de tirar de este conformista de tus desidias.
No te equivoques amor, aquí no hay rencor, no te culpo por nada. Pero desde el momento en el que dejé de existir para ti, desaparecí también para todos los demás. Si ya no tengo ni siquiera tu odio para llenarme, ¿Qué es lo que me queda pequeña? Yo te lo diré: nada.
La esperanza nunca ha abandonado mi alma, pero tampoco me acompaña. ¡¿Cómo va a estar conmigo si se fue persiguiendo mis 21 gramos, y estos, a su vez, se fueron detrás de tus tacones?! Mi alma es una de las tantas cosas que dejaron de pertenecerme. Tú la llenabas, tuya es.
En la lista de objetos perdidos se encuentra también mi tiempo, del cual tus pasos marcaban el tempo. Mi reloj parado y mis horas congeladas, ya sabes, invierno interno.
Las únicas ganas que me quedan son las de verte y sabes que no soy de hacerme falsas ilusiones. Pero si es por ti soy capaz de esperar lo absurdo, como que vuelvas a llamar a mi puerta.
Ya solo me queda por decirte, o gritarte, que este mártir ya no tiene razón para sufrir. Su razón se cansó definitivamente de él y se dio a la fuga, valorándose de una puta vez y sabiendo que merecía algo mejor, o por lo menos, algo menos destructivo.


Y aún así sigo en penitencia, esperando que perdones mis pecados.


No soy nada, me faltan mi reflejo, mi alma, mi esperanza, mi tiempo y mis razones.
Ahora no soy nada, nunca me creí nada. Solo fui algo, cuando era tuyo.

domingo, 24 de junio de 2012

Corazón en deshielo

Nos da la última calada, al cigarrillo y a mi. Lanza la colilla y mira como termina por consumirse mientras yo lo hago por dentro.
Me mira, me desarma.
Una mueca dolorosa con complejo de sonrisa aparece en su rostro y es ahí cuándo empieza a hablar mi mártir:

 - Y ahora, ¿Qué vamos a hacer pequeña? Nos creímos tanto y míranos, no somos nada.
Corazón en deshielo

- Seremos todo lo que deseamos ser si sigues aquí, conmigo. 
En el mio corren las aguas de sus glaciares


 - ¿Aquí? ¿Aquí, dónde? Si te quedas en este lugar ya ves, no tengo nada que ofrecerte. Soy todo expectativas que se han quedado en nada. No puedo hacerte falsas promesas de amor, ni firmar ningún tipo de contrato, ni siquiera puedo respetar ese cartel de '¡Cuidado! Frágil' que llevas colgado al lado izquierdo de tu pecho como uno de los lastres que te dejé. Y aún así, reconociendo el daño que puedo llegar a infringirte, me asesinaría en el momento que te hiciese sentir como yo. No, en el fondo solo hay sitio para mi, pequeña. Deberías buscarte algo mejor, pero soy demasiado egoísta y débil para reconocerlo. Así que, no dejes de creer en este suicida ¿vale? Y si dejas de hacerlo... bueno, mejor no lo hagas. Para mi no hay más alternativa que la tuya. 

Aquí abajo solo yo, pero tú desde arriba animándome a subir.

Discierne la luz desde el fondo del pozo 

¿Ves esa luz? Podría ser una salida... o no.

Está aturdido. Todos le dicen que hacer, pero él no parece comprender a nadie. Desesperado busca directrices, busca hacía donde ir. A cambio solo obtiene palabras vacías.
Camina sin rumbo mientras los ecos de las voces lo siguen. Quiere escapar y lo consigue. Ahora está solo con su pensamiento, sin embargo, sigue siendo desgraciado.
En su cabeza resuenan sin parar esos ecos invisibles, y ahora no hay nada que hacer, de su mente no puede escapar.
La desesperación no lo abandona, aunque resbala en forma de gotas por sus mejillas.

Y sigue así. Hundido como nunca lo ha estado, más allá de todo. Donde nadie podrá nunca encontrarlo.

Y sigue así, a la espera de un simple consejo, de una dirección que seguir.

"No creo que pida mucho" se repite, no tan convencido como el gustaría estar.

Desesperado.

Siempre igual. Todos le preguntan por qué lo hace, se lo recriminan y lo acusan, pero nunca nadie se ha parado a pensar que ha hecho que él llegue a esos extremos.
Lo hace para evadirse, para no pensar. Porque cada vez que lo hace surgen esas preguntas sin respuestas que lo han acompañado siempre.
Creen que es autodestructivo, pero él solo intenta proteger lo poco que le queda después de que le hayan arrancado una a una sus ilusiones y lo dejaran tan desvalido.



Consigue irse del mundo que lo ha tratado tan mal. Pero al volver, inevitablemente otra vez, vuelven a preguntarle por qué lo hace...