miércoles, 27 de junio de 2012

Toco. Primero por ti y luego también.

¿Y si lo que te da más fuerzas para seguir es también tu mayor debilidad? 
Sigo siendo el mismo que decidiste dejar en la puerta de atrás. Y de tanto llamar, me sangran los nudillos. Toco madera, pero no me salva, solo consigo clavarme más astillas.
Todo sería más fácil si decidieras escucharme ¿no? el problema no es que me ignores, el problema es que ni siquiera eres consciente de los gritos de auxilio que salen a presión desde el agujero negro de mi cabeza. ¡No lo sabes! Es eso... Mírame, riendo a carcajadas mientras por dentro resuenan alaridos que te harían retorcer de dolor y desesperación. Se puede, quiero decir... ¿Podría ser más cínico?
Creo que para responderme bastaría que cualquiera mirara la escena: Yo tocando tu puerta de pino, sufriendo  entre golpe y golpe, y tú dentro, desconociendo la procedencia de ese ruido tan molesto y decidiendo subir de volumen la música, ya sabes, para evitar escuchar tu nombre entre mis gritos.

Y aquí fuera hace frío, ¿me abres?

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