Está aturdido. Todos le dicen que hacer, pero él no parece comprender a nadie. Desesperado busca directrices, busca hacía donde ir. A cambio solo obtiene palabras vacías.
Camina sin rumbo mientras los ecos de las voces lo siguen. Quiere escapar y lo consigue. Ahora está solo con su pensamiento, sin embargo, sigue siendo desgraciado.
En su cabeza resuenan sin parar esos ecos invisibles, y ahora no hay nada que hacer, de su mente no puede escapar.
La desesperación no lo abandona, aunque resbala en forma de gotas por sus mejillas.
Y sigue así. Hundido como nunca lo ha estado, más allá de todo. Donde nadie podrá nunca encontrarlo.
Y sigue así, a la espera de un simple consejo, de una dirección que seguir.
"No creo que pida mucho" se repite, no tan convencido como el gustaría estar.
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