sábado, 3 de noviembre de 2012

Nada trascendental.


Yo no quiero escribir de amor. No quiero escribir sobre mi, ni sobre vosotros, ni sobre curar heridas o cómo provocarlas, o cómo me las provocaron. Sólo escribir. Sobre cualquier cosa, algo que no importe, que no sea trascendente y que todo el mundo olvide en cuento ponga el punto y final.
 Escribir por ejemplo sobre esa sensación de cuando se te eriza la piel, lo raro que se siente.
 Escribir por ejemplo sobre esos chicos tristes que van por la calle, todos mirando al suelo, todos sintiéndote culpables, como si hubiesen hecho algo malo.
 ¿Habéis visto alguna vez como mira un padre a su hijo?  ¿Habéis sentido ese amor, aunque sea en los niños con jerseys a rallas que visteis en el parque jugando en el tobogán con papá? Uno de ellos se cayó por culpa de su hermano, este supo que se había hecho daño y fue a ayudarle, y le pidió perdón. ¿En qué momento dejamos de querernos? ¿Es que esos niños algún día dejarán de hacerlo? ¿Es que volverán a caer y ya no estará el otro para levantarse juntos?
No quiero escribir sobre cómo se vive sin ti, o sobre esa tarde de invierno en el parque. Prefiero hacerlo sobre lo que sientes cuando escuchas un piano, me recuerda a Septiembre, cuándo eramos uno contra todo el mundo, pero no importaba porque la suerte estaba de nuestro lado. Pero Suerte se marchó y me dejó con los ojos encharcados  y con un alma incapaz de sentir algo que no sea apatía.
 Pero yo no quiero escribir sobre eso, no. Quisiera describir, tal vez, lo que siento cuando el cielo me grita antes de romper a llorar <<sus gotas de lluvia son las lágrimas que mis ojos le regalan por las tardes>> su color grisáceo lo definiría como 'Tormenta' algo que atormenta.
Llenaría los siguientes reglones hablando sobre hachís debajo de las uñas, o sobre lo que sentí cuando encontré esa carta que le escribí a papá no hace muchos años, pero aún así queda tan lejos ya... Creo que nunca la leyó.
Gastaría tinta escribiendo sobre como Madrid me ha condenado debajo de cada farola, con cada viaje en tren y con cada calada en las bocas de metro. Pero nunca hablaría de esas pupilas que reflejaban la ciudad a oscuras, las mejores vistas de Madrid. No, he dicho que no quiero escribir sobre eso.

Quisiera poder dedicar a mi mente a pensar exclusivamente en las hojas caídas por el otoño <<como yo>> buscando redención, danzando con el viento. Joder, que bonito lo hacen. Con sus colores ocres combinan con mi tristeza.
Pero incluso antes de poner punto y final a estas cuatro líneas me he dado cuenta de que siempre he estado escribiendo con todas esas cosas de las que he intentado huir. Nunca me abandonan, no tengo tanta complicidad ni con mi sombra.





<<Escribir, por ejemplo, sobre cómo la nieve de Helsinki se reflejaba en mis pupilas esa tarde.>>

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