jueves, 8 de noviembre de 2012

Nebulosa.

Si veo que no puedo seguir pensando me pongo a bailar. La música suena alto en mis tímpanos <<pum, pum, pum>> con un beat demasiado grave martilleando en mi cabeza.
Cierro los ojos en un intento por encontrarme y empiezo moviendo la cabeza de lado a lado. Izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Todo flota y me siento ligera como pluma de fénix. <<Renaciendo de las cenizas de este riff>> Me acompañan los hombros y un escalofrío placentero recorre mi columna hasta mi médula espinal, y para colmar los nervios se queda ahí, siguiendo el compás con impulsos eléctricos.
No me tiemblan las piernas, estoy bailando amor. ¿Es que no lo ves? Si alzo los brazos es porque me lo ordena la música y yo solo soy musa de un par de notas.
Empiezo marcando el tempo con los pies en el suelo y [...] de repente me siento volar y lo marco a golpe de saltos hacía la estratosfera. Subo, y subo, y subo hasta rozar otra galaxia de ese universo que me ve danzar desde lo alto.
Sigo girando sobre mí mientras insunuo leves movimientos con el cuerpo el aire, estoy llamándote en forma de baile pero nunca fui demasiado coordinada, siempre te pisaba los pies.
Si paso los dedos entre mi pelo agitándolo y removiéndolo es porque quiero dejar escapar todas esas ideas suicidas que solo necesitaban algo de vibración para sentirse vivas. Los altavoces retumban en mí y una enfermedad que me impide dejar de oscilar al ritmo del blues se hace crónica, y yo aquí sin el antídoto para parar a mis pies.
Sigo así durante horas, segundos y minutos. <<Bailé mil y una canciones para poder escapar>> 
Cuando mi cuerpo está tan cansado que decide parar de agitarse entre pentagrama y tablatura utilizo el último de mis alientos para poner en bucle nuestra canción. Me quedo a vivir entre sus solos de batería, yo ya no quiero volver a ese mundo en donde bailo porque no me queda otra opción.



Bailar con Nebulosas haciendo constelaciones. 

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